…que no puedo sacar de mi cabeza.
Soy una ávida lectora. A diferencia de muchos otros,
que no pueden parar de leer algunas historias, leen en cualquier parte, se
quedan hasta altas horas de la madrugada hasta terminar y saltean frases o párrafos
poco relevantes para llegar al desenlace, yo necesito silencio, un momento
preciso y tranquilo (exterior e interiormente) y leo lento, porque quiero comprender
cada palabra y me gusta saborear cada frase, aún cuando sea sólo complementario
de la historia principal. Algunas veces, cuando encuentro alguna frase o párrafo
que me llega mucho, lo releo varias veces, lo asimilo, me quedo meditándolo…
En fin, de cada libro que leo rescato frases,
fragmentos que me tocan las fibras del alma y se me quedan pegadas en la
memoria. Como estas:
3- de La Saga de los Confines – Los
días de la Sombra
El tiempo no tiene una sino sus muchas ruedas. Una
rueda para las criaturas de corazón lento, y otra para las de corazón
apresurado. Ruedas para las criaturas que envejecen lentamente, ruedas para las
que se hacen viejas con el día.
[…] Si me preguntan esto deberé responder que los
hombres contaron cinco cosechas, el tiempo de ver crecer a un niño. Pero deberé
agregar que las luciérnagas contaron cientos y cientos de generaciones muertas,
un tiempo perdido en sus memorias. Y que para la montaña transcurrió apenas un
instante.
2- de La Sombra del Viento (Carlos
Ruiz Zafón)
“Poco después de la guerra civil, un brote de cólera
se había llevado a mi madre. La enterramos en Montjuïc el día de mi cuarto
cumpleaños. Sólo recuerdo que llovió todo el día y toda la noche, y que cuando
le pregunté a mi padre si el cielo lloraba le faltó la voz para responderme.
Seis años después, la ausencia de mi madre era para mí todavía un espejismo, un
silencio a gritos que aún no había aprendido a acallar con palabras. Mi padre y
yo vivíamos en un pequeño piso de la calle Santa Ana, junto a la plaza de la
iglesia. El piso estaba situado justo encima de la librería especializada en
ediciones de coleccionista y libros usados heredada de mi abuelo, un bazar
encantado que mi padre confiaba en que algún día pasaría a mis manos. Me crié
entre libros, haciendo amigos invisibles en páginas que se deshacían en polvo y
cuyo olor aún conservo en las manos. De niño aprendí a conciliar el sueño
mientras le explicaba a mi madre en la penumbra de mi habitación las
incidencias de la jornada, mis andanzas en el colegio, lo que había aprendido
aquel día..
No podía oír su voz o sentir su tacto, pero su luz y
su calor ardían en cada rincón de aquella casa y yo, con la fe de los que
todavía pueden contar sus años con los dedos de las manos, creía que si cerraba
los ojos y le hablaba, ella podría oírme desde donde estuviese. A veces, mi
padre me escuchaba desde el comedor y lloraba a escondidas.
Recuerdo que aquel alba de junio me desperté gritando.
El corazón me batía en el pecho como si el alma quisiera abrirse camino y echar
a correr escaleras abajo. Mi padre acudió azorado a mi habitación y me sostuvo
en sus brazos, intentando calmarme.
- No puedo acordarme de su cara. No puedo acordarme de la cara de mamá -murmuré sin aliento.
- No puedo acordarme de su cara. No puedo acordarme de la cara de mamá -murmuré sin aliento.
Mi padre me abrazó con fuerza.
- No te preocupes, Daniel. Yo me acordaré por los dos.
Nos miramos en la penumbra, buscando palabras que no
existían. Aquélla fue la primera vez en que me di cuenta de que mi padre
envejecía y de que sus ojos, ojos de niebla y de pérdida, siempre miraban atrás…”
1- de El Señor de los Anillos – La
Comunidad del Anillo (JRR Tolkien)
“– ¡Qué lástima que Bilbo no haya matado a esa vil
criatura cuando tuvo la oportunidad!
– ¿Lástima? Sí, fue lástima lo que detuvo la mano de
Bilbo. Lástima y misericordia: no matar
sin necesidad. Y ha sido bien recompensado. Frodo; puedes estar seguro: la maldad lo rozó apenas y al fin pudo
escapar por el modo en que tomó posesión del Anillo, con lástima.
– Lo lamento –dijo Frodo – estoy asustado y no siento ninguna
lástima por Gollum
– No lo has visto – interrumpió Gandalf.
– No, y no quiero verlo – replicó Frodo –. No puedo
entenderte. ¿Quieres decir que tú y los Elfos habéis dejado que siguiera
viviendo después de todas esas horribles hazañas? Ahora, de cualquier modo, es
tan malo como un orco, y además un enemigo. Merece la muerte.
– La merece, sin duda. Muchos de los que viven merecen
morir y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures en dispensar la
muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos. No hay
muchas esperanzas de que Gollum tenga cura antes de morir, pero creo que aún
podría salvarse: está ligado al destino del Anillo. El corazón me dice que todavía tiene un papel que desempeñar, para bien
o para mal, antes del fin; y cuando éste llegue, la misericordia de Bilbo puede
determinar el destino de muchos, no menos que el tuyo.”
… Con deseos de continuar con la frecuencia original
del blog…
Lilian